Por: Mar Dedudas
Ayer de camino al trabajo me encontré con Rubén. Hacía meses que no nos veíamos. Era uno de esos días en que piensas: “¿Maquillarme? ¿arreglarme?, ¡para qué! Si total mi trabajo está aquí al lado y no voy a salir de la oficina, a parte de la secretaria no tengo que ver a nadie” ERROR. Hasta para ir a la esquina hay que arreglarse, porque luego te pasará como a mi, que me encontré a Rubén y con su nueva novia, una vieja conocida. Y pensé: ¡Qué mona y estupenda va! Bueno que, bien mirada, tampoco es una top model… Es más, de camino al trabajo empecé a preguntarme qué tendría esa chica que yo no tuviera. No era fea, pero tampoco un bellezón, no era tonta, pero tampoco un cerebrito. Y llevaba maquillaje, seguro que con la cara lavada gano yo por goleada.
Todo era darle vueltas y vueltas, así que necesitaba un subidón de moral y ¿quién mejor que tus amigas? Las amigas son esos seres necesarios que te van a decir lo que quieres oír: ¿Qué Rubén sale con “esa”? ¡Uy! Pero si es fea, y tonta, y además es una trepa, seguro que está con el por su dinero.
Y eso es todo lo que una necesita para recuperar la autoestima y repetirse: yo soy mucho más mona y más lista. Allá él porque esa chica no le conviene…
Pero, un momento, y las ex de mi ex-. Las novias anteriores a mi, las que llegaron a los brazos de Rubén antes que yo-, ¿me analizaron a mi cómo yo he hecho con esta pobre chica?- nótese la empatía que se empieza a sentir hacia la nueva novia. Aquellas ex ¿llamarían también a sus amigas y me pondrían en el punto de mira criticando si estoy gorda, si visto bien o si soy inteligente? ¿Se sintieron inferiores o superiores?.
Nunca me había parado a pensar en ello.
Cuando por fin llegué a la oficina hice dos cosas. Primero entré en el baño a peinarme y maquillarme y segundo llamé a mi amiga Carolina, pero no para pedirle esas palabras que esperaba escuchar, sino para contarle lo mona que me había parecido la nueva novia de Rubén, si es que ese chico ¡siempre tuvo buen gusto!











Nunca había hablado del tema con el resto de mis amigas; de sexo si, pero de juguetes sexuales no, por lo que yo intuí que ellas no los usaban.