La Boda De Mi Mejor Amiga
Por: Ximena Cualquiera
Belén se casó hace un mes. Estaba preciosa, había planeado su boda al milímetro y fue una ceremon
ia entrañable. Comimos, bailamos, bebimos en honor a una pareja que había nacido para estar junta. Nada más bonito que un montón de gente muy diferente pero con una cosa en común, la ilusión de ver como Belén y Diego comienzan una vida juntos. Nada más bonito que ver a un montón de gente- exactamente 240 personas- observando y juzgando a Ximena Cualquiera. Pero mejor me explico…
Es tradición en esta zona hacer una de estas dos cosas con el ramo de flores de la novia:
1) Dárselo a una pareja que todavía no ha elegido una fecha para su unión, animándoles así a que lo hagan
2) Dárselo a una amiga soltera con la esperanza de que encuentre pareja (y si es esa misma noche y delante de todos mejor que mejor)
Ya os podéis imaginar que Belén y Diego escogieron la segunda, y por supuesto ¡la víctima soltera fui yo!
Cuando llegó el momento el DJ puso una de mis canciones favoritas y los novios empezaron a pasearse por todas las mesas con el ramo. A esas horas, el vino tinto ya había hecho efecto y yo hablaba animadamente con mis amigas en la mesa, y de repente, los novios se detuvieron detrás de mi, me tocaron el hombro y las 239 personas restantes del enlace volvieron sus caras para mirarme.
Me puse de pie, me entró una risita nerviosa y me cayeron unas lágrimas y ¡no de emoción sino de pánico! Por unos segundos que parecían horas sentí cómo la gente me miraba y sonreía, y ¡sentí la presión! La presión de “pobre, mírala, sola, soltera, sin pareja, con 30 años…” o esa otra famosa frase de “algo raro debe tener si aún no ha encontrado pareja”
Cuando nos hicieron la foto de rigor y pude sentarme de nuevo me lancé hacia mi copa de champagne, a ver si me anestesiaba, o mejor aún me producía amnesia, pero no, ahí estaba yo, treinteañera, soltera y borracha, pero eso si, con un ramo de flores precioso.
Esa noche me fui a casa, sola claro. El ramo no había causado su efecto, al menos de manera inmediata, pero al menos me acosté con una sonrisa y pensando que había sobrevivido. Al fin y al cabo tampoco era tan malo dormir sola, al menos no tenía que compartir almohada.








