La Mejor Crisis De Mi Vida
Por: La “nueva” Caótica Sigrid
Tengo 30 años y estoy en un periodo de crisis, eso si, esta es la mejor crisis de mi vida.
Siempre he sido una niña buena, obediente, que nuca dio problemas en la casa. Responsable, analítica; reservada y tímida con los hombres mientras esperaba la llegada de mi príncipe azul. 
Si miro atrás, no haría nada por cambiar los caminos que tomé, aunque hoy creo que podría caminarlos con más decisión, sobre unos buenos tacones, la mirada al frente, con seguridad, con determinación… pero el pasado se quedó allí, en el pasado y como he leído hace poco: “Soy un melancólico empedernido pero la nostalgia me parece una pérdida de tiempo”.
Así que volviendo al presente, a mis 30 y a mi fabulosa crisis, me dispongo a confesar ciertas cosas que suelo solamente confiar a dos amigas, esas que sé que no me van a mirar con cara rara, como si me hubiese vuelto loca.
Algo que creía que jamás me haría es un tatuaje. Me gustan aquellos que son pequeños, discretos y sexys, pero mi miedo al dolor físico y a la reacción de mi familia que piensa que “los tatuajes son para marineros y putas” nunca me había atrevido. Hasta ahora claro… ¿qué dónde me lo hice? Pues en el culete, el trasero, las posaderas. Me encanta mirarlo y está en un lugar dónde sólo los elegidos pueden acceder.
Por otro lado había descuidado un poco mi aspecto físico y me he dado cuenta de que ¡esto sólo puede ir a peor! Así que me calzo mis Nike y salgo a correr por la playa todos los días durante una hora. Además cuido mi alimentación, muchas más verduras, mucha soja, nada de pescado azul o carne roja. ¡Empiezo a sentirme estupenda!! Más guapa, más sana y por supuesto, más delgada.
Cómo de la noche a la mañana mis problemas sentimentales no han encontrado solución, hasta que esto ocurra me he comprado un vibrador que hace que mis noches solitarias sean un poco más divertidas. Lo guardo en mi funda de lentes de sol, en la mesilla de noche de mi casa, y más de una vez he pensado en ¡la cara que pondría mi padre si por algún casual abriese la funda!
Mi timidez y recato con los hombres también se han visto afectadas por mi crisis. Planeo un encuentro con un viejo amigo, lo tenemos hablado, calculado y morimos de ganas. Sexo por sexo, puro y duro, porque si, sin explicaciones, sin preguntas, sin reservas. Y bueno, esta historia, la historia de llamémosle “Guillermo”, continuará en otro artículo.
Mi consejo, no esperes a los 30 para hacer locuras y vivir la mejor crisis de tu vida porque vida sólo hay una y hay que vivirla. La gente hablará de ti igual, pero tú y sólo tú puedes disfrutarla. Y si ya tienes los 30 sal a la calle y pásalo en grande, ¡te lo mereces!








