Recuperando las Esperanzas
Ésta no pretende ser una historia más de las mías. Es una llamada a todas aquellas personas que hayan perdido la esperanza, a todos aquellos que tienen problemas y no ven la salida.
Y es que los problemas nunca vienen solos, no hay dos sin tres y está claro que a perro flaco todo son pulgas.
Lo malo de las caídas es que a pesar de que aprendemos de ellas nos volvemos excesivamente cautelosos, tememos volver a caer, cometer los mismos errores y, de alguna manera, podemos llegar a disfrutar de ciertas situaciones. En definitiva perdemos la inocencia que nos hacía únicos y auténticos.
Algunos se aferran a la religión. Admiro a las personas que no pierden la fe ni en los peores momentos. Personalmente, como me declaro atea, lo que me hace salir de “agujero negro” de mis preocupaciones y problemas soy yo misma. Al principio suelo hundirme y pensar que el mundo está en mi contra. Me lamento, lloro, descargo, pero después empiezo a lamer mis heridas y pienso en otras situaciones de las que he salido con éxito, y me digo a mi misma que no van a poder conmigo. Por suerte y por el momento-tocando madera- he tenido problemas como todos, pero problemas de los que he podido salir y cuando veo a gente con problemotes me pregunto cómo actuaría o reaccionaría yo si estuviese en su lugar.
Cada golpe nos hace más fuertes y nos prepara para el siguiente. Cuando logramos superarlo es como estar en lo alto de una montaña rusa, nos vemos capaces de lanzarnos al vacío y disfrutar una vez más de lo maravillosa que es la vida. La vida es así, te caes y te levantas una y otra vez..
Me acabo de levantar, una vez más y ya estoy lista para lo que venga.









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