Cobardía
Por Mar Deduda
Me pides que abra el corazón y que te hable como hacía antes. Me tiendes la mano y te la aprieto porque tengo miedo de que nos alejemos de nuevo.
Nos quedamos en silencio ahí, sentados en mi coche y me tiemblan las piernas. Sigue lloviendo y ya hemos llegado a tu casa. No quiero que te vayas y tú no pareces tener prisa por salir, quizá porque llueve, quizá porque aún esperas que te diga algo.
Hace tiempo que el significado de “corazón” perdió el sentido romántico para mí. Ya no es rojo y de curvas perfectas, ahora es marrón, débil, con sobresaltos a veces, cuando te veo, cuando me hablas, cuando apareces. Entonces me duele, me da pinchazos y creo que me voy a quedar sin aire, pero no se para, nunca para, aunque me esfuerce por no sentir.
Seguimos en el coche y evito el contacto visual porque si te miro prefiero que se me pare el corazón a que me duela de nuevo. Si me miras te beso, y si te beso no muero, sólo sufro. No se si cuando te beso tú te limitas a devolverme los besos, como si fuese un ritual. Quizá me besas por lástima, para no herirme, aunque yo me repito a mi misma como si de un “Padre Nuestro” se tratase que me besas porque me quieres, porque me quisiste y porque sabes que no podrás dejar de quererme.
Mi corazón sobrevivió a terremotos, huracanes, volcanes en erupción y tsunamis. Mi corazón es un superviviente, pero aquí estoy, contigo, en mi coche, y me aprietas la mano y siento el calor de mi sangre bombeando y rezo para que explote de una vez.
Yo no hablo y tú me miras. No puedo evitar mirarte y ahí estamos, tan cerca y tan lejos y lloro. Quiero controlar mis lágrimas pero te miro y me veo en tus ojos, puedo ver cómo me miras y qué es lo que ves y duele. Había prometido que no iba a llorar, igual que había prometido no volver a sentir, no volverte a besar y no volver a hablar.
Mis palabras es lo único que aún puedo controlar.
Me sueltas la mano, me acaricias la mejilla y tus ojos atraviesan los míos por última vez. Sé que te vas a ir, que vas a abrir la puerta y no vas a mirar atrás pero no hago nada. Y te vas. Te alejas con tu gabardina negra, con paso firme.
La culpabilidad me golpea una vez más el corazón pero no digo nada, y ahí me quedo mientras te alejas, esta vez, para siempre.








Wow. It's Quiet Here...
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