Por: Mar Dedudas
Ayer de camino al
trabajo me encontré con Rubén. Hacía meses que no nos veíamos. Era uno de esos días en que piensas: “¿Maquillarme? ¿arreglarme?, ¡para qué! Si total mi trabajo está aquí al lado y no voy a salir de la oficina, a parte de la secretaria no tengo que ver a nadie” ERROR. Hasta para ir a la esquina hay que arreglarse, porque luego te pasará como a mi, que me encontré a Rubén y con su nueva novia, una vieja conocida. Y pensé: ¡Qué mona y estupenda va! Bueno que, bien mirada, tampoco es una top model… Es más, de camino al trabajo empecé a preguntarme qué tendría esa chica que yo no tuviera. No era fea, pero tampoco un bellezón, no era tonta, pero tampoco un cerebrito. Y llevaba maquillaje, seguro que con la cara lavada gano yo por goleada.
Todo era darle vueltas y vueltas, así que necesitaba un subidón de moral y ¿quién mejor que tus amigas? Las amigas son esos seres necesarios que te van a decir lo que quieres oír: ¿Qué Rubén sale con “esa”? ¡Uy! Pero si es fea, y tonta, y además es una trepa, seguro que está con el por su dinero.
Y eso es todo lo que una necesita para recuperar la autoestima y repetirse: yo soy mucho más mona y más lista. Allá él porque esa chica no le conviene… (more…)