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¿Existe la Amistad Desinteresada Entre un Hombre Y Una Mujer?

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Por:  Mar Dedudas

¿Existe la amistad desinteresada hombre-mujer?
A los diez años mi mejor amigo era mi vecino y compañero de la escuela Jesús. A la salida de clase venía a jugar a mi casa y los fines de semana iba yo a la suya. A los doce me confesó que se había enamorado de Ana y me contaba con detalle sus inocentes avances en la relación. A los catorce ya se había enamorado y desenamorado al menos una vez de cada una de las compañeras de clase. Menos de mi, porque yo era su amiga incondicional, la que conocía tanto sus defectos como sus virtudes. Era una amistad desinteresada y sincera, aunque claro, esa era la época en la que yo aún creía en la posibilidad de una amistad hombre-mujer.
Después en plena adolescencia llegó Cosme, pasábamos horas hablando de todo y de nada, quejándonos de la vida, inconformistas, creíamos que nadie nos iba a entender, nos unían muchas cosas, hasta que la unión hizo el roce y acabamos besándonos en cada esquina. El romance acabó y arrasó con la amistad.

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Esta soy yo; Caótica Sigrid

Por Caótica Sigrid
iStock_000010056970Que mi nombre sea Caótica Sigrid no es casual, y en días como hoy, más caóticos que de costumbre, es incluso irónico.
Ayer mis despistes empezaron bien temprano. Por la mañana olvidé que había quedado con una amiga para comprar un regalo. Apunto todo en una agenda para no olvidar nada, pero el problema es que ¡a veces no me acuerdo de revisar la agenda! Así que allí estaba la pobre Ana esperándome mientras yo me duchaba con tranquilidad pensando en que tenía la mañana libre. De repente me acordé, salí disparada de la ducha y en diez minutos y con toda la cabeza mojada en pleno invierno, subía a mi coche camino a su encuentro. Tuve que parar a poner gasolina, y con las prisas y el sol de cara no me di cuenta de que no había metido bien la manguera en el depósito. Apreté y la gasolina salió despedida. No sólo había perdido la mitad de gasolina que había pagado, es que ¡me la había tirado encima! Me di una ducha de combustible, la segunda ducha del día, sí señor.

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El Síndrome Premenstrual = Poltergeist

Por Caótica Sigrid

PMSAyer sentí una necesidad descomunal por comer, dulce o salado, daba igual. Primero tomé una coca cola con un trozo de queso, seguido por un sándwich, unas galletas y helado de chocolate blanco. Al rato decidí beber un vaso de leche y dos zanahorias. Por un momentote me paré a pensar, imaginé tener un espejo delante y me vi reflejada. Ahí estaba la pobre Sigrid, en pijama, despeinada, hinchada, comiendo no, devorando, triste y callada, y en seguida lo supe. Supe por qué se sentía desdichada. Hacía exactamente 28 días había vivido esta escena. Y son 28 días gracias a las pastillas, porque si no fuera por ellas, este poltergeist ocurriría cada 21 o 23 días.

Pero lo peor estaba por llegar. Después de comer como si me fuesen a saquear la nevera llegó el sentimiento de culpabilidad, seguido del de tristeza y de soledad. Y es que el día anterior a mi periodo me siento como una ballena solitaria en medio del frío océano. Por un día puedo permitirme ser la reina del drama, y no es capricho, realmente me siento desdichada, me cambia el humor, me paro a pensar en mi vida, en lo que no tengo y en lo que quiero.

Cuando esto ocurre suelo llamar a mi madre. Empezamos teniendo una conversación de lo más absurda, y acabo con lágrimas de cocodrilo hablando de mi trabajo, los hombres, mis amigas, el dinero… todo aquello que me preocupa y me hace sentir mal. Y claro, yo sé que son los síntomas de mi acechante periodo y que al día siguiente las cosas parecerán diferentes, menos graves, pero dejo a mi madre de lo más preocupada.

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El Baúl de los Recuerdos

Por Ximena Cualquiera

iStock_000010793987Medium(2)Mi abuela murió hace un año. Era una mujer fuerte e independiente. El Alzheimer se llevó primero sus recuerdos y luego su vida a los 91 años.

Yo crecí en su casa. Salía de clase y comía con ella. Por la tarde veíamos juntas la novela. Vivíamos puerta con puerta y teníamos contacto diario. Pero, en el fondo mi abuela era una gran desconocida.

Enfermera de profesión quedó viuda con 22 años, sólo un año después de casarse con mi abuelo y con una niña de poco más de un año. Nunca fue la misma, no se volvió a enamorar. Quedó traumada puesto que a mi abuelo lo mataron en la guerra y el tema era totalmente tabú en la casa.

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