Por: Mar Dedudas
Me preguntaba cuánto podía aguantar un corazón enfermo.
Te vi de lejos y sostuve la mirada. Tiré los hombros atrás y caminé con paso firme. Sonreí y me acerqué para darte un beso. Puse mi mano en tu hombro y me apoyé en el muro, a tu lado. Empezamos a hablar sin mirarnos, no hacía falta. Tú estabas nervioso y yo sorprendentemente tranquila.
Tus…







